jueves, 28 de febrero de 2008

Milagros inesperados


Parecía que se venía el diluvio universal. Desde las 6 am que no paraba de llover. A las 7, ya comenzaban a anegarse las calles. Mauricio se despertó por los truenos y vio la situación que se avecinaba. Levantó el teléfono y llamó a Gabriela: "¿Y ahora qué hacemos?", dijo desesperado.
"Sólo nos queda tener fé", dijo Gabriela entre lágrimas. Y así fue, porque Gabriela es una ferviente religiosa. Comenzó a rezar y a rezar. Mauricio se vistió, sin desayunar subió a su 4x4 y logró llegar hasta la casa de Gabriela, ya con el agua hasta las rodillas. Gabriela siguió rezando y rezando y le contó a Mauricio la historia del Arca de Noé. Mauricio miraba sin poder creer tan fabulosa historia. Por un momento se le iluminaron los ojos cuando se le ocurrió que podía irse con un yate a Temaiken, subir a todos los animales e inventar un fabuloso zoológico-arca para que disfruten todos los náufragos que pudiesen pagar la entrada. Pero la situación era grave, así que por un momento dejó de pensar en fabulosos negocios. Gabriela seguía rezando y rezando mientras Mauricio miraba por C5N cómo le llegaba el agua hasta el cuello a todos los porteños y a su ya denigrada imagen pública. Como no sabe rezar, Mauricio pensó en las cábalas del fútbol así que llamó a Bilardo para pedirle algún consejo. El narigón no lo quizo atender porque estaba ocupado evitando que la lluvia le deteriorara los videos del Mundial 86.
Mauricio deseperaba. En un momento pensó que si se venía el diluvio universal, iba a intentar usar el motorcito de la silla de ruedas de Michetti para hacerse una balsa con motor fuera de borda. Por un momento casi siente lástima al imaginarse a Gabriela ahogandosé mientras él se apropiaba del preciado e improvisado medio de salvación. Pero la fe mueve montañas y a las catorce horas, el sol salió para Mauricio y Gabriela. Emocionadísimos, ambos se abrazaron y Mauricio saltaba de júbilo entre los charcos mientras Gabriela daba trompos y coleadas.
Minutos más tarde, pasó la euforia y llegó la calma. Mauricio se dio cuenta de que su compañera de fórmula es realmente una Santa. En dos semanas, sus oraciones lo salvaron de dos catástrofes: el incendio de Mundo Cotillón y el Diluvio Porteño.
Con lágrimas en los ojos dijo: "Bendita seas, Gabriela".
Ya la está postulando para la canonización por estos dos milagros.

PD: La gorda Carrió está tan furiosa que adujo que "son milagros arreglados, como esas virgencitas que lloran sangre". Prometió pruebas y denuncias.

Chango Glamour
(en modo anfibio)


1 comentario:

un servidor dijo...

La lluvia era para apagar el incendio en Once, pero llegó tarde por un embotellamiento de cartoneros...
;-P