jueves, 27 de septiembre de 2007

Excusas felices

El pasado fin de semana oficié de anfitrión y preparé una comida para el acérrimo grupo de amigos y respectivas cónyuges y/o concubinas.

El evento gastronómico se desarrolló con total normalidad salvo la inasistencia de uno de los comensales que durante la semana previa había confirmado su participación por correo electrónico.

Esta semana envié un correo electrónico (con copia al grupo) comentándole al inasistente que lo habíamos esperado y que lamentábamos su ausencia, a lo que mi amigo respondió ingenuamente que no había recibido la invitación porque cambió de chip de celular. Había hecho caso omiso a su confirmación por correo electrónico. A esto respondí que su excusa era incongruente con lo acontecido y copié la confirmación de su mail. Increíblemente, mi amigo leyó muy rápido y no vio la copia adjunta con los propios caracteres que corroboraban que había recibido y confirmado la invitación. Para esto ensayó una segunda y peor excusa:

“nop, no vi ningún mail... por ejemplo, aquí contesto porque estoy en la casilla de gmail, la de hotmail, no la vi en todos el finde...”

A esto, otro amigo comensal que recibió la copia, decidió apiadarse de la ingenuidad del inasistente y explicó: “Al pie de la página está pegada tu propia confirmación”

Al ver como su moral se derrumbaba como el busto de Lía Cruset con el correr de los años, el inasistente admitió:


“N´serio????? si, si lo admito, estoy jugandome en contra. prometo mejorar”

Pero la avalancha de excusas continuó toda esta semana y provino de toda clase de ámbitos y personas.

El martes por la mañana debía encontrarme con alguien pero 7 a.m. recibí un mensaje de texto que anunciaba:

“Mi mamá está descompuesta. No sé si voy a trabajar."

Y al día siguiente otra persona que debía acudir a mi domicilio adujo:

“Hoy amanecí con fiebre así que vamos a suspender.”

La catarata de negativas me hizo pensar en la posibilidad de solicitar una intervención quirúrgica para que me cambien la cara de boludo o por lo menos para disimularla y pedir una como la de “Adrián Suar”.

Después, pensé en todos los boludos triunfadores y decidí enfrentar la vida con la cara que me tocó en suerte. Pero pasé a replantearme el tenor de las excusas recibidas. ¿Por qué siempre necesitamos ofrecer como excusa hechos desgraciados y trágicos?

Por ejemplo, mi amigo podría haber dicho sabiamente y para la alegría de todos:

“Perdonen muchachos, mi novia se clavó una tanga infernal y compró juguetes sexuales para estrenar.”

La segunda excusada podría haberse sincerado y dicho:

“Quiero dormir y desayunar tranquila. Aprovechá vos también.”

Y la tercera:

“No voy ni a palos. Por hoy, prefiero jugar con mi hijo."

Así que decidí ofrecerle al lector otras excusas desgraciadas a reemplazar por hechos agradables:

“Murió mi perro/gato/tritón" debe reemplazarse por “Llevé a mi perro/gato/tritón a reproducirse con alguien de su especie"

“Tengo un examen" debe reemplazarse por “No me pienso perder esa fiesta”

“Mi novia/mujer se sentía mal” debe reemplazarse por “Mi novia/mujer quería murra y hacer cucharita”

“Estoy enfermo” debe reemplazarse por “Trabajen sin mí tres horitas. Pienso dormir hasta el mediodía”

“Se me rompió el auto” debe reemplazarse por “Mi hijo juega la final y no me la pienso perder"

“Mi suegra se atragantó con un hueso de pollo” debe reemplazarse por “Mi suegra se atragantó con un hueso de pollo. El pollo está bien”

“Tengo que trabajar este fin de semana” debe reemplazarse por “Me voy a la quinta con mi flia y nos vamos a morfar un asado kilométrico”

“Murió el tío del primo de un amigo” debe reemplazarse por “Salgo con una mina/chabón (o cualquier otra preferencia)”

“Tengo que ir al dentista” debe reemplazarse por “Me voy al masajista"

"No puedo jugar. Me esguincé" debe reemplazarse por "Esta noche como helado y me quedo mirando tele"

Como reflexión final les dejo lo siguiente:

¿Qué sucedería si pusiésemos como excusa hechos que son objeto de felicidad o placer?

¿Será que la felicidad de los demás está mal vista?

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Para quienes gustan del grunge de los 90s, escuchen "No excuses" de Alice in Chains y sean felices.



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